El cuerpo ha sido mi puerta.
Un espacio de escucha,
de transformación
y de revelación.
Mi camino es una invitación
a volver a habitar el cuerpo
con presencia, sensibilidad
y verdad.
Soy Valeria Gesell, kinesióloga pélvica, danzarina y facilitadora de procesos de conciencia corporal femenina. Fundadora de Dance Rose.
Acompaño a mujeres a reconectar con su cuerpo, su voz y su energía vital.
Integro la danza, la conciencia corporal y la práctica de La Voz del Útero® en un camino de sanación y despertar femenino.
Pero este camino… no comenzó aquí.
Ahí donde el cuerpo aprende a hablar...
comienza todo
Desde pequeña mi cuerpo fue mi lenguaje.
Crecí profundamente conectada al movimiento.
Mi padre, como facilitador de aeróbica y maestro de karate, fue una gran inspiración en ese vínculo.
Desde niña me transmitió la importancia del cuerpo, la disciplina y la energía en movimiento.
La danza y el karate estuvieron presentes en distintas etapas de mi vida, formando en mí una relación profunda con el cuerpo como un espacio vivo.
La danza fue durante mucho tiempo mi espacio de expresión.
Pero con los años, me fui alejando de ese lugar que tanto amaba.



Cuando lo externo dejó de sostenerme, comenzó el cambio.
Mi madre falleció a los 46 años a causa de un cáncer fulminante, y poco tiempo después viví también el distanciamiento profundo de mi padre.
Ese fue un quiebre importante en mi historia.
En ese momento seguí adelante como muchas veces lo hacemos: estudiando, sosteniendo, construyendo un futuro.
Me formé como kinesióloga, comencé a trabajar, fui madre y avancé profesionalmente con mucha dedicación.
Pero internamente… había algo que no estaba siendo escuchado.
Con el tiempo, ese desajuste comenzó a hacerse evidente.
Viví procesos de desgaste emocional, desconexión y un profundo cuestionamiento de mi vida. Tomé decisiones importantes: dejé lo conocido, cambié de ciudad y comencé de nuevo.
Pero en el fondo sabía algo más profundo: necesitaba volver a mí.
Comencé a buscar respuestas
Ahí comenzó una búsqueda intensa.
Recorrí distintos caminos terapéuticos,
explorando múltiples formas de comprender lo que estaba viviendo.
La medicina de las plantas, la terapia floral,
las terapias energéticas, la ciclicidad femenina…
Cada experiencia aportó algo.



Empecé a integrar, pero aún no era suficiente.
Sané procesos físicos, comprendí patrones heredados y comencé a integrar lo que antes estaba fragmentado.
Pero incluso así…
aún me sentía separada de mí.
Cuando volví a mi cuerpo, todo comenzó a ordenarse
Hasta que algo comenzó a cambiar.
Dejé de buscar solo afuera…
y comencé a escuchar mi cuerpo.
Ahí empezó la verdadera transformación.
Volví a la danza, pero esta vez desde otro lugar.
No desde la exigencia,
sino desde la presencia.
Siendo otra mujer.
Ahí comenzó a ordenarse todo.



Hoy, ese camino se transforma en lo que comparto
Fue en ese camino donde la iniciación como Sacerdotisa de la Rosa y la práctica de La Voz del Útero® comenzaron a integrarse profundamente en mi vida.
Un proceso sostenido durante años, donde comenzaron a abrirse capas más profundas: memorias, emociones e historia ancestral.
Muchas de las respuestas que había buscado durante tanto tiempo comenzaron a aparecer desde el cuerpo.
Hoy, todo ese recorrido se integra y se pone al servicio de las mujeres que resuenan con este camino.
Lo comparto desde la experiencia vivida y desde un cuerpo que aprendió a escucharse.






